lunes, 26 de enero de 2009

El enemigo nos ataca despiadadamente

Tenemos una nueva escalada de jóvenes atrapados en el alcohol y las drogas. Alrededor de nosotros, publicidad que promueve toda clase de perversiones como “modelo de vida”.
Ser padre en estos tiempos hace a uno sentirse “esclavo de sus propios hijos”, ya que ese es el ejemplo que ellos reciben en sus escuelas, o en las casas de sus amigos, ¿cómo educarlos en un modelo recto opuesto al que el mundo les propone?
Uno desearía sentarse a hablar con los padres de los amigos de nuestros hijos, o con sus maestros, para intentar “cambiarles el entendimiento de lo que la vida significa en realidad”. Pero la marea de “ideas distorsionadas” es tan fuerte que uno suele encontrarse en seria desventaja numérica con tanto vicio, vagancia y mal vivencia que prolifera en nuestra ciudad.
En estos tiempos, leer el periódico o mirar las noticias produce sufrimiento y angustia. Sin embargo, hay una pregunta que duele mucho más que las noticias horrorosas que nos invaden.
¿Cuánta gente se da cuenta de lo que realmente está pasando? ¿Cuántas personas creen que muchas de esas cosas son normales? ¿Cuántas madres promueven el alcohol en sus hijos diciendo que “a esa edad yo también lo hacía, es parte de la locura de la juventud”? o en su defecto manifestarles “hay que dejar que cada uno decida que hacer con su vida privada”. Me pregunto, la decisión de traerlos al mundo, ¿quién la tomó? ¿Acaso no fueron sus padres? ¿Donde están los principios que se les inculca desde el hogar? Los padres de familia han dejado de lado su responsabilidad de cuidar, guiar y educar a sus hijos.
El enemigo nos ataca y nos flagela, la confusión avanza a pasos agigantados, y es tan destructivo su poder, que el deterioro del mundo es bienvenido a brazos abiertos por la mayor parte de la humanidad. ¿Qué debemos hacer? ¿Acaso ser simples espectadores de esta tragedia que empuja a todo ser humano al precipicio de dudosa pendiente y más dudosa aún profundidad? Quienes tenemos la formación necesaria para advertir lo que ocurre, debemos actuar.
Concientes de la responsabilidad que tenemos los padres, por encausar y educar nuestros hijos, que guarden integra la fe, que no fomenten odios ni rencores y respeten las leyes que nos rigen y a las autoridades publicas que norman nuestras conductas.
Los problemas de desarrollo que se anuncian en la preadolescencia se convierten en un oleaje en la adolescencia, hasta en la más feliz de las familias, las malas conductas adquiridas se convierten en conflictos, rebelión y tempestuosas emociones.
Los padres de familia, para solucionar los problemas de nuestros hijos en el hogar, debemos verlos con sabiduría y acierto, severidad y serenidad.
Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se esta hundiendo una sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetro ni destino, es la única forma de atacar al enemigo.
Roberto Fleischer Haro egresado de la cuarta generación de la Escuela de Policía. Registro Nacional de Seguridad FEHR440205H26223583 e. Mail rfleischer_44@hotmail.com
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