Es la adolescencia una etapa de transición, de búsqueda y definiciones, el individuo forja su personalidad y en ese lapso procura ejemplos y orientaciones que delineen su ser y su carácter, en su esfera de acción ante la sociedad.Entre los ejemplos que tiene el adolescente para construir su modelo de vida los más cercanos son sus padres, los maestros, el resto de la familia, los artistas o deportistas del momento, lógicamente en la mayoría de los casos sus padres son los que considera inicialmente los más imitables.
Sin embargo a veces lo ha visto lejos de ser un modelo y en ocasiones las actitudes, la falta de armonía, los conflictos matrimoniales, la incomunicación y en su caso la separación de sus padres, desquebraja el animo y la seguridad del adolescente y se le ocasiona la ruptura y la desorientación.
Aparece la desilusión, la desconfianza y el adolescente tiende a buscar otras motivaciones no siempre adecuadas, regularmente fuera del hogar, incurriendo además en conductas antisociales dadas a la desintegración familiar, tomando en cuenta que de cada tres matrimonios uno acaba por desintegrarse, abundando así adolescentes, que no crecen en una familia común.
La ausencia en una formación moral, que hunde a las nuevas generaciones en un vacío espiritual, dejándolas sin las creencias y principios esenciales para encontrarle sentido a su vida.
Jóvenes con resentimientos y agresividad siempre inconformes y soñando con tener más y que en su niñez no tuvieron el amor que les era esencial, sin embargo seguimos dedicados a disfrutar del estilo de vida y las costumbres de la sociedad de consumo procurando lograr nuestro bienestar y el de nuestros hijos por medio de comodidades y entretenimientos en tanto escasea el afecto y el calor humano en lo familiar.
Aunado a esto y desafortunadamente cuando el día escolar tradicional o los períodos escolares llegan a su fin, aumenta la violencia juvenil, el robo, los destrozos a las escuelas cuando éstas se encuentran cerradas, surge hoy día como una escalofriante amenaza al bienestar de toda la juventud, afectando a la comunidad en donde tienen su esfera de acción.
No solamente se requiere que se dediquen programas, recursos y energía comunitaria al día de escuela tradicional, requiere el mismo compromiso al salir de la escuela los fines de semana y durante las vacaciones, el reto hoy en día es nada menos que invertir en un futuro para nuestros jóvenes, para que puedan convertirse en adultos saludable.
Lo antes expuesto no solo es culpa de los padres de familia o de los gobernantes, todos somos culpables de la descomposición social de nuestro tiempo, tal vez no por lo que hemos hecho, sino por lo que hemos dejado de hacer, ante los problemas es usual buscar culpables y dedicarnos a criticar y señalar las fallas de los demás, pero si no somos parte de la solución somos parte del problema.
Es urgente cuestionarnos y mirar que estamos dejando de hacer para contribuir a sanar una sociedad gravemente enferma, de la cual todos somos parte.
Viendo los problemas que nos aquejan de los jóvenes, no sea lo que nos lleve a decidir o tratar de hacer cambios cuando ya sea demasiado tarde y las víctimas sean nuestros propios hijos e hijas, o sus amigos.
En muchos casos, el padre y la madre se ven en la necesidad de trabajar, desatendiendo la educación y el cuidado de sus hijos, las separaciones y divorcios afectan en mayor medida a los menores, los niños y jóvenes, representan un importante factor de riesgo por las actividades de la corrupción de menores.
Roberto Fleischer Haro, egresado de la cuarta generación de la Escuela de Policía. Registro Nacional de Seguridad FEHR440205H26223583 e. Mail rfleischer_44@hotmail.com