Estamos viviendo la transformación de familias diferentes, no tradicionales, que están perdiendo sus principios y su carácter social, así como la libertad, la justicia y el desarrollo.Es necesario reconocer que el incremento en la delincuencia generalizada no se debe exclusivamente a que haya malos policías y peores jueces, sino a que entre otros factores, la desintegración familiar convierte a sus pequeños hijos en menores infractores.
Y por ende en niños de la calle, orillándolos a las adicciones, la explotación laboral, los abusos sexuales, entre otras situaciones.
Por tal motivo, se dedican a agredir a ciudadanos pacíficos y productivos, ocasionando robos en sus diferentes modalidades, daños graffiti (pinta de paredes), riñas colectivas, inhalar solventes y observando una conducta antisocial en la vía pública en la que tienen su esfera de acción. Siendo estos además victimas de la sociedad, los cuales requieren de una atención psicológica.
Lo que cabe augurar es que el problema crecerá y cada vez será peor. Para que realmente haya una solución, deben unir esfuerzos Sociedad y Gobierno y que se cumplan las Leyes elementales de la convivencia.
Aunado a lo anterior, todavía se piensa en que la mayoría de edad sea considerada a los 16 años, para que los adolescentes sean procesados por delitos mayores siendo primo-delincuentes, e internados en las cárceles con los penados de mayor índice delictivo.
Debemos darnos cuenta de cuál es verdaderamente la función de un sistema carcelario, y no hay que olvidar el riesgo que es para un Gobierno en contar con una serie de menores privados de la libertad.
Por eso, debemos comprender el fenómeno de la supuesta readaptación y la custodia del penado.
Siempre he pensado que el problema de los menores infractores no es problema legislativo, sino de acción efectiva en el combate de lo que lo genera; por consiguiente, la delincuencia no se combate con reglamentos.
Hay que prevenir las conductas infractoras, adicciones entre otros, en los menores, a fin de que se contemplen medidas de orientación.
Que no podrá ser posible que el Instituto Hermosillense de la Juventud, tome la bandera de que se reforme con realidad y efectividad el Bando de Policía y Gobierno, se les de a los adolescentes un horario prudente para sus festejos de quinceañeras, graduaciones, bailes y demás sin permiso para bebidas embriagantes y se responsabilice a sus padres de sus conductas en la vía pública y que dicho Bando se aplique con energía pero con respeto a los derechos humanos, ¿porqué necesariamente tiene que ser hasta que el cuerpo aguante?.
¿Porqué no Legislar para hacer centros de desintoxicación oficiales, con áreas verdes, campos deportivos, centros de trabajo, aulas escolares, para que tengan un trato digno y se reintegren a la sociedad como todo buen ciudadano?
Es necesario coordinarse con las autoridades de salud, educación primaria y familiar, psicólogos, desarrollo social, para que sean dirigidos a la prevención integral del delito y la violencia intrafamiliar, causantes de la desintegración de la misma y de conductas infractoras de los adolescentes.
¿Porqué pensar siempre en reformar la Ley del Código Penal para reducir la mayoría de edad, y escudarnos en la cárcel como método de persuasión y con ese objetivo cubrir la incapacidad de la prevención del delito?. Si bien la arbitrariedad aplasta, la condescendencia ahoga.
Roberto Fleischer Haro, egresado de la cuarta generación de la Escuela de Policía. Registro Nacional de Seguridad FEHR440205H26223583 E. Mail rfleischer_44@hotmail.com