Podemos afirmar que en nuestros tiempos lamentablemente el índice de la violencia intrafamiliar y matrimonios desintegrados día con día va en aumento. Lo que afecta notoriamente a los hijos, más si éstos se encuentran en la difícil etapa de la adolescencia, provocando en ellos desde luego un impacto negativo.En la familia reside y de ésta depende, más que de cualquier otra sociedad, institución o ambiente, el futuro del hombre.
En la actualidad, la familia y la sociedad se han visto atacadas por la violencia en las calles, en los centros de reunión, en las escuelas, a la vuelta de la esquina, fuera de la casa, donde jamás pensamos que llegue a ocurrir (lo estamos viviendo con frecuencia), y todos nos preguntamos ¿qué podemos hacer para que esto deje de suceder?.
La respuesta está en el hogar, en casa, retomando lo que la familia siempre ha tenido: la formación de los hijos, en los valores y principios de respeto, honestidad, congruencia con nuestros actos, amor verdadero y limpio; exigirles ser responsables de sus actos desde que son pequeños, para que cuando crezcan tengan la habilidad de responder y comprometerse con lo que hacen y con lo que deben hacer.
Como padres tenemos el compromiso de guiar a los hijos, de ejercer la autoridad con suavidad pero con firmeza, con claridad y sin confusiones para el bien de ellos y de nosotros. Un buen padre reconoce sus errores, pide disculpas y reconsidera su punto de vista sin dejar de ser la autoridad que respeta a los demás.
Muchísimas veces los hijos nos van a confrontar, para conseguir sus deseos, pero al darse cuenta de que seguimos tranquilos y firmes en lo dicho, eso se va acabando y a ellos les da mayor confianza y seguridad en sí mismos.
Esa es la rutina en que a diario vivimos, ese es el camino que se nos presenta cada día; pero muchos padres nos dejamos llevar por lo que dicen o hacen los demás; pensamos en el bien propio e ignoramos lo que siente, piensa y necesita el resto de la humanidad.
No nos damos cuenta que estamos haciendo lo que no nos cuesta, somos igual que los demás; es más valioso marcar la diferencia, si nos esforzamos un poco más en regalar amor al que lo ha de necesitar que es nuestra familia, es lo que nos hace semejantes a los seres humanos bien intencionados.
Existen muchas situaciones en la familia en la que los padres tienen la obligación de ir formando a los hijos en su carácter, templanza, paciencia, autoestima y más. Estas situaciones pueden ser cuando quieren, un permiso para ir a casa de un amigo y consideramos que aún no es oportuno darlo, cuando en la escuela alguien lo hace sentir mal o cuando tiene un desengaño amoroso a cualquier edad y nos toca levantarlos y hacerles ver lo maravilloso y valioso que son.
Es en casa, con su familia, donde se forman las buenas personas, los grandes seres humanos, que hacen el bien a la sociedad.
Debemos darle espacio al corazón que llevamos en el pecho. Un corazón sensible es algo que a todos nos es muy necesario, especialmente en los tiempos que estamos viviendo, tan fríos, desapegados, materialistas y confusos.
Roberto Fleischer Haro egresado de la cuarta generación de la Escuela de Policía, Registro Nacional de Seguridad FEHR440205H26223583 e. Mail rfleischer_44@hotmail.com