viernes, 18 de julio de 2008

LA DESIGUALDAD OPERATIVA

Para superar esta realidad de contar con policías que al mismo tiempo son delincuentes, el Gobierno Mexicano ha colocado destacados miembros de las fuerzas armadas, con o sin licencia en puestos claves de los distintos cuerpos policíacos, así como elementos de tropa en el patrullaje de las calles de algunas ciudades “mientras se entrenan debidamente a los cuerpos policíacos”. Lo anterior lo vemos en la ciudad de México y en diferentes Estados de la Republica incluyendo el nuestro.
La idea y la base de esta tendencia, es que las fuerzas armadas son menos corruptas que los cuerpos de policía, y están más capacitadas para depurar y disciplinar las instituciones de Seguridad Pública. Ello está todavía por comprobarse, tomando en cuenta que el Servicio de Seguridad Militar está muy distante del Servicio Civil, además se atropella la estructura del Estado y la autonomía Municipal.
Pero advertimos varios peligros, en primer lugar, el riesgo de que se dé un aumento en la violación de las garantías individuales, y en segundo, toda vez que los cuerpos castrenses están entrenados en la disciplina militar no es el marco más adecuado para militarizar también las ciudades. En cambio la Seguridad Nacional, tiene que ver con la preservación de la integridad de la Nación y de la soberanía sobre sus recursos, y es responsabilidad directa de las Fuerzas Armadas, labor muy encomiable y meritoria.
La Seguridad Pública tiene que ser garante de la tranquilidad de todos y cada uno de los habitantes del Estado, como un derecho compartido, y tiene un carácter eminentemente civil, por lo que debe estar bajo la responsabilidad de las autoridades civiles, empezando por el Municipio, como lo marca el articulo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos mexicanos.
Pero también la violencia policíaca cobra mayor número de víctimas en los barrios populares más pobres, y no en las colonias en que ocurre el mayor número de delitos.
Lo lógico sería que la policía actuara justamente en estas áreas. Sin embargo, pensando ir a la raíz, las policías entran en los barrios populares para el combate “preventivo” por medio de razzias y detenciones ilegales, y no en el momento de la flagrancia de los delincuentes. Se da entonces un desfase entre la acción de la policía y la eficacia de esa acción, y no se le puede llamar a esta acción preventiva, sino prejuiciado.
Algunos factores entre otros, facilitan los abusos y la violencia policíaca, y el valor funcional de la agresión, las personas torturadas confiesan, devuelven lo robado, y la violencia física puede controlar a determinadas personas.
Buena parte de la población lesionada en sus intereses personales acepta y hasta aplaude las manifestaciones violentas de la policía, recriminan la acción de los grupos de Derechos Humanos, pide una policía más dura y recia en contra de los delincuentes y sospechosos.
A la profesión policíaca, se le asocia con lo arbitrario y con el abuso de poder, por lo que atraen personas con un perfil agresivo.
El obscurecimiento de que la función policíaca pretende no solo controlar el delito, sino también garantizar los derechos del ciudadano, la instrucción y entrenamiento para acciones agresivas, y siempre que la delincuencia aumenta, la filosofía de la actuación policíaca sugiere dejar de lado las formalidades legales para enfrentar la delincuencia con sus mismos métodos, la impunidad que, apoyada en la tolerancia y en la funcionalidad de la agresión, acontece cuando la violencia se dirige a sectores marginales.
Con la tendencia a la privatización de las policías, por un lado, a la militarización de las mismas, por otro, el Gobierno Civil se está desembarazando de una tarea que le corresponde, que es brindar seguridad a la ciudadanía con respeto a los derechos humanos, además, la Seguridad Pública de los Municipios queda subordinada a políticas y acciones centralizadas.
El riesgo mayúsculo de todo ello es que quienes no pueden pagar los servicios de Seguridad Privada, a los que el Estado no les garantice su seguridad y que, al contrario, sean considerados como sospechosos, puedan encontrar una salida a su abandono y victimización en la autodefensa y la justicia en propia mano.
Así es que existe una desigualdad operativa entre lo Civil y Militar, relacionado con el quehacer preventivo y enérgico y respeto a los Derechos Civiles y Humanos.
Roberto Fleischer Haro egresado de la cuarta generación de la Escuela de Policía. Registro Nacional de Seguridad FEHR440205H26223583 E. Mail rfleischer_44@hotmail.com
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